Es cierto que a veces no tengo energía
y una vez a la semana un par de horas no me dejan levantarme del sillón.
Cumplo con mis haberes
y no me dejo mucho, ni me despeino demasiado.
Ya no tiemblo
NADA
y he recuperado la protesta como arma necesaria
contra las injusticias.
Poco a poco voy notando como la templanza,
vieja amiga,
me inunda de una calma, digamos, ancestral,
hipnótica e intuitiva,
casi como un rezado o un hechizo
que viene a ser lo mismo.
Podría decir que echo de menos, pero no;
y que me duele caminar sola, pero no;
y que me arrugo de vez en cuando, pero no.
Esta poesía es para recordar que soy.
Y SER es el mayor regalo de la vida.
K
